Un paseo por el jardín de la calzada elevada de Tlalpan: “Vinimos a verla antes de que se deteriore” 

Un paseo por el jardín de la calzada elevada de Tlalpan: “Vinimos a verla antes de que se deteriore” 

La nueva instalación ‘Tlallipan’ se extiende por casi dos kilómetros, desde Pino Suárez hasta Chabacano, por un costo aproximado de 2.000 millones de pesos 

Por: Paulina Flores Ramírez 

Artículo por El País 

En el escenario dominan los tonos rosas y morados, mientras decenas de personas caminan curiosas sobre la calzada elevada de Tlalpan inaugurada este domingo por el Gobierno de la Ciudad de México. Entre miles de plantas y flores de todos los colores, el espacio es aprovechado por ciudadanos de distintas edades, muchos acompañados de sus mascotas también, que han acudido a ver el lugar apenas un par de días después de abrirse. Algunos, como Alma Galván, de 56 años, y Alma Hernández, de 77, vienen incluso desde otro Estado: “Venimos de Morelos para conocerla”. El jardín flotante Tlallipan, que en náhuatl significa “tierra alzada”, se extiende por encima de la Línea 2 del Metro, desde Pino Suárez, pasando por San Antonio Abad, hasta Chabacano. Aunque la obra aún no está terminada, con el acceso desde Chabacano aún en construcción, las impresiones generales de los ciudadanos son positivas: “Muy bonito y equilibrado. Tiene la zona verde y muchas flores”, “es un lugar muy bonito para venir a disfrutar con la familia”, “las fuentes son lo más atractivo”, “es una forma de darle un poquito de vida a la ciudad”, “es muy agradable caminar aquí”. 

Alejandra Álvarez, de 48 años, y su hija Mariana López, de 18, son vecinas de la colonia pero no han querido perderse la oportunidad de explorar el sitio. “Me gusta mucho ir al centro. […] Yo digo que esto sí va a ser funcional en cuestión de caminar”, opina Álvarez. Aún así, las primeras impresiones también dan paso a una sensación de que el espacio llegó con una fecha de caducidad. “Aquí el tema es cuánto va a durar así de bonita, porque es muy fácil hacerlo, pero mantenerlo no”, se pregunta Álvarez. No es la única. “Vinimos a verla antes de que se deteriore porque, si no hay una buena vigilancia y mantenimiento, es dinero tirado a la basura”, cuestiona Luis Alfredo Pérez, de 71 años. A su lado, su esposa Rafaela Segura, de 69, reparte responsabilidades: “[Falta] hacer conciencia en la población de mantenerlo limpio, así como nos gusta verlo. La basura en su lugar, no en los jardines, y que las personas que tienen sus mascotas se hagan responsables”. 

A lo largo de los casi dos kilómetros de longitud de la calzada, con un espacio más estrecho en algunos tramos, la gente pasea contenta y se toma fotos con alguna de las estatuas de perros, ajolotes, cacomixtles o ranas que adornan el recorrido. Las plantas colocadas, algunas ya con muestras de estar marchitándose, dejan bonitas postales para un grupo que trata de capturar a un colibrí succionando el néctar de una flor muy cercana a ellos. 

“Habitualmente los segundos pisos se construyen para el transporte público o privado. Este es el segundo piso para el peatón”, manifestó el domingo Clara Brugada, jefa de Gobierno de Ciudad de México. Sin bicis ni carros a la vista, el sitio es solamente para los transeúntes, pero algunos ciudadanos no se confían y se adelantan. “Yo pienso que es una buena opción, siempre y cuando no pongan ambulantes”, dice Galván. Otros tienen otras prioridades. “Mas allá de lo que nos podría gustar o no, creo que el proyecto no era lo que la ciudad necesitaba”, suelta Rebeca Zoé, de 26 años. 

La joven cuestiona el proyecto por falta de planeación y previsión durante las obras. Cree que el dinero se pudo haber destinado a otras cosas. “Mejor métela a la movilidad y no inviertas en cosas que no vamos a estar usando. […] El hecho de que esté arriba también habla mucho. Es como una especie de metáfora: arriba está todo lo bonito y abajo todo sigue igual”, señala. Debajo de la colorida estructura que se alza sobre la avenida, el bullicio previo a la edificación sigue ausente. “Nos afectaron a nuestros negocios porque hubo mucho tiempo que no pasó la gente”, se queja Sonia Cortés, de 60 años. 

De acuerdo con las autoridades, la construcción tuvo un costo de casi 2.000 millones de pesos. El monto ha sido cuestionado porque no coincide con los 659 millones de pesos que apuntaba la convocatoria de licitación hace un año, pero los señalamientos han sido rechazados por el Gobierno. “Desde un inicio, el contrato salió por 1.914 millones de pesos y no se ha movido desde el día 1 en que se firmó. Negamos categóricamente que esta obra haya tenido un sobreprecio”, ha sostenido Raúl Basulto Luviano, secretario de Obras y Servicios de la ciudad. 

Durante la inauguración del proyecto, Brugada se refirió al “legado” que este tipo de infraestructura deja para los habitantes de la capital. ” Son obras que duran porque el Mundial se va, pero las obras se quedan”, afirmó. Sentada en una banca mirando las pequeñas fuentes con chorros de agua que se iluminan del color de la bandera mexicana, Segura apoya que la inversión llegue a este tipo de espacios. “Como está este lugar tan bonito, [las autoridades] deberían de enforcarse en todos los lugares recreativos que tenemos en la ciudad, que todos los embellezcan”, declara, pero lanza una petición: “Que estén los recursos para mantenerlo siempre así y no nada más este sexenio porque se venía el Mundial”. 

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